lunes, 14 de junio de 2010

El atletismo, un deporte igual para todos.

Hace un par de días hablaba con un chaval que estuvo en el cole donde va ahora mi hijo. Hablábamos del baloncesto, de un equipo que tienen ellos en categoría autonómica pero en sub 23 y de cómo para la temporada que viene se iban a quedar "colgados" porque varios de los del equipo se iban a salir de edad.

Le comentaba yo la opción de federarse directamente y me decía que efectivamente la opción existe, pero que si te metes en 1ª regional te vas a encontrar a equipos que prácticamente son la cantera de la liga EBA, o algo así, lo que viene siendo la 2ª división del básquet nacional.

Y que si lo hacían en la 2ª regional se iban a encontrar con muchos equipos pero muy veteranos, gente que reparte estopa para aburrir y con árbitros muy permisivos, sobre todo cuando se trata de ir a jugar a los pueblos. Y que ya se había dado el caso de alguno lesionado varios meses con escayola y eso para un currante como que le echa para atrás.

Claro, yo me iba haciendo la composición de lugar y lo iba comparando con nuestro deporte. Aquí no hay límites de edad, es decir, en una carrera puedes participar da lo mismo que tengas 18 ó 45 años. Esto es así y no admite discusión. De acuerdo en que hay competiciones segmentadas por edad (juniors, veteranos, etc.) pero en general no hay límites.

Pero es que luego hay un detalle con el que se hace todavía más evidente que en esto del correl no cuentan ni las edades ni las categorías ni todo lo contrario, es que una carrera la gana el que primero llega, da lo mismo que tenga 18 ó 45 años y que aquí no hay árbitros que puedan birlarte la carrera porque se inventen una zona o dejen de pitar un cámino.

Lógicamente, estas reflexiones no se las comenté al baloncestista. Me limité a decirle que tenía razón...

1 comentario:

manuel binoy dijo...

Una de las muchas ventajas que tiene el atletismo delante de otros deportes es que siempre estás solo y dependes única y exclusivamente de tí; no dependes de nadie ni para ganar ni para perder ni para practicarlo; la soledad por excelencia.